Azúcar en
la salud

La glucosa presente en el azúcar
es fundamental para el correcto funcionamiento metabólico y proveer energía rápida al cerebro.

La verdad acerca del sobrepeso y la obesidad

Entre los factores de riesgo se encuentran los malos hábitos alimentarios y un bajo nivel de actividad física.

La obesidad es una enfermedad crónica, compleja y multifactorial, es decir, tiene origen en una interacción de factores genéticos y ambientales o de conducta, siendo estos últimos los más importantes. Se produce cuando hay un desequilibrio entre la ingesta y el gasto energético. Entre los factores de riesgo se encuentran los malos hábitos alimentarios, un bajo nivel de actividad física, mala salud intestinal (microflora), factores ambientales, patrones de sueño, estrés y genética, entre otros.

¿Cómo sabemos si tenemos sobrepeso u obesidad?

Esta enfermedad crónica se determina a través de una fórmula que utiliza dos medidas antropométricas: el peso y la estatura. Hablamos del Índice de Masa Corporal (IMC), el cual se calcula de la siguiente forma:

IMC = Peso (kg) / altura (m)2

Si al aplicar esta fórmula se obtiene un IMC entre 25 y 29,9, estamos en sobrepeso. Si el IMC es mayor a 30 la clasificación es obesidad.

Las investigaciones sugieren que comer demasiadas calorías de todas las fuentes azúcares, almidones, proteínas, grasas y alcohol y no usarlas a través de las funciones normales del cuerpo, el movimiento y la actividad física, puede contribuir a que aumentemos de peso, pues el exceso de calorías se almacena como grasa.

Diversos estudios muestran también que cuando logramos un equilibrio entre la ingesta y el consumo de energía se mantiene el peso, independientemente de cual sea la fuente de las calorías.

Debemos tener en cuenta que los alimentos y bebidas más altos en grasas son a menudo fuentes de exceso de calorías. Para evitarlo, se recomienda realizar modificaciones en la alimentación, como reducir la frecuencia o el tamaño de las porciones de estos tipos de alimentos y aumentar el consumo de otros ricos en nutrientes como frutas y verduras, combinándolo con actividad física.

El consumo moderado de azúcar, acompañado de actividad física y estilos de vida saludables nos ayudan a controlar la aparición de enfermedades como el sobrepeso, la obesidad y sus conexas como la diabetes mellitus y la hipertensión, entre otras.

Diabetes e Hipoglicemia​

La diabetes, conocida también como diabetes mellitus, es una enfermedad crónica no transmisible que se manifiesta con niveles elevados de la glucosa en la sangre. Se presenta cuando nuestro páncreas produce una cantidad insuficiente o de mala calidad de la hormona llamada insulina, que es la encargada del transporte de la glucosa a las células. La diabetes se clasifica en tipo 1 o tipo 2, siendo más frecuente en adultos la tipo 2.

Existen varios factores que aumentan el riesgo de padecer diabetes tipo 2:

• Tener 40 años o más.
• Herencia de diabetes en un padre, madre, hermano o hermana.
• Es más frecuentes en etnias como la africana, asiática, hispana, indígena o del sur de Asia.
• Tener obesidad/sobrepeso, especialmente cuando el exceso de peso es abdominal.
• Algunas complicaciones de salud como presión arterial alta, colesterol alto u otras grasas en la sangre.
• Algunas enfermedades como síndrome de ovario poliquístico y apnea obstructiva del sueño, entre otros.

La hipoglicemia o hipoglucemia se presenta cuando bajan los niveles azúcar en la sangre. Este fenómeno se debe a que la insulina que produce el páncreas es mayor a las cantidades de azúcar que está circulando en nuestra sangre. Este desequilibrio puede estar asociado al consumo de algunos medicamentos, enfermedades, desequilibrio de algunas hormonas o enzimas y tumores, entre otros.

El consumo de azúcar en personas no predispuestas genéticamente a padecer la diabetes no causa por sí sola la aparición de esta enfermedad. Las investigaciones sugieren que el factor de riesgo más importante para la diabetes mellitus tipo 2 es la obesidad, que puede resultar del consumo excesivo de calorías en comparación con la cantidad requerida diariamente para las funciones normales del cuerpo, el movimiento y la actividad física.

Sin embargo, si existe un diagnóstico de diabetes mellitus lo recomendable es abstenerse de consumir cualquier tipo de azúcar y consultar a la nutricionista para lograr un balance de los alimentos que se ingieren a diario para así evitar complicaciones mayores asociadas con el consumo inadecuado de los alimentos.

Cáncer

El cáncer es un crecimiento descontrolado de las células que trae como consecuencia la aparición de masas anormales.

Existen más de 200 tipos diferentes de cáncer. Todos comparten rasgos comunes, que incluyen el crecimiento incontrolado y la división de células anormales.

La genética es el principal factor de riesgo no modificable para el desarrollo del cáncer. El Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer también ha identificado factores asociados al estilo de vida como el tabaquismo, la ingesta de alcohol, la alimentación desbalanceada y la inactividad física, entre otros.

Varios estudios, entre los que se incluyen metanálisis y revisiones sistemáticas de estudios prospectivos de cohortes, indican que no existe una relación causal directa entre el consumo de azúcares (sin importar la cantidad o el tipo) y el riesgo de cáncer.

Sin embargo, se ha evidenciado que sí existe una asociación entre el sobrepeso o la obesidad y el riesgo de algunos tipos de cáncer, por ejemplo, pancreático, colorrectal, mama posmenopáusica, entre otros. Consumir calorías excesivas provenientes de cualquiera de los nutrientes energéticos puede aumentar el riesgo de sobrepeso y obesidad, si no equilibramos el consumo y el gasto energético.

Las recomendaciones de consumo de azúcar para personas con cáncer no son diferentes de las recomendaciones emitidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), sin embargo, en algunos tratamientos restringen su consumo por determinaciones médicas. Por eso es recomendable siempre consultar al médico tratante.